Cuando la agencia es la operación: dos empresas con sede y facturas detrás de las mayores campañas de manipulación del año

Una agencia de publicidad digital con sede en Francia. Con su equipo, su facturación y su cartera de clientes. Eso es lo que era, según el informe de amenazas que Anthropic publicó en septiembre de 2026, la empresa que montó una de las mayores operaciones de manipulación informativa documentadas este año.

No un grupo clandestino. Una agencia. El informe la identifica como LKM Company y describe su producto como influencia por encargo: unas setenta webs de noticias falsas, setenta cuentas de X asociadas, más de doscientas cincuenta cuentas dedicadas a comentar y al menos 8.913 artículos publicados en unos veinte idiomas.

Y no es el único caso del informe con forma de empresa. Otro describe a una compañía de tecnología con sede en Estambul que construyó una plataforma comercial de manipulación electoral: unas mil cuentas falsas, millones de registros de votantes cargados en el sistema y un panel de control hecho a medida para administrarlo todo. Con su nombre, su sede y sus facturas.

Por qué esto le interesa a quien contrata agencias

Porque la frontera entre lo que se acaba de describir y un servicio de marketing de contenidos normal es más fina de lo que a este sector le gusta admitir, y está hecha de decisiones que se toman en una reunión de martes.

Escribir artículos para una web: normal. Escribirlos con la firma de un periodista que no existe: ya no. Reescribir una noticia con el ángulo del cliente: normal. Reescribirla en la dirección contraria para otro cliente el mismo día: ya no. Poner comentarios para animar un lanzamiento: se hace, y es lo que doscientas cincuenta cuentas hacen a escala industrial.

Nadie cruza esa frontera de golpe. Se cruza por partes, y cada parte parece un apaño razonable comparada con la anterior.

Cinco preguntas para la reunión de selección

Ninguna de estas preguntas es agresiva. Todas se contestan en veinte segundos si la respuesta es buena.

¿Quién firma lo que se publica? Si la respuesta es «la marca», está bien. Si es un nombre de persona, pide ver a esa persona en algún sitio que no sea la web del cliente. Un redactor real tiene rastro.

¿Qué se hace con los comentarios y las reseñas? Pregúntalo directamente y escucha cómo se responde. La respuesta honesta es que se contestan los que llegan. Cualquier respuesta que incluya la palabra «sembrar» merece una segunda pregunta.

¿Publicáis en webs propias además de en la mía? Es legítimo que una agencia tenga sitios propios. Lo que hay que saber es cuáles, para poder mirarlos. Una agencia que no quiere enseñarte su red te está diciendo algo.

¿De dónde salen los datos con los que segmentáis? El caso de Estambul cargó millones de registros de votantes reales para segmentar por circunscripción. Con datos de clientes pasa lo mismo: hay que saber de dónde vienen y con qué permiso.

¿Qué no haríais aunque os lo pidiera? Es la pregunta que más información da y la que menos se hace. Una agencia con criterio tiene la respuesta preparada porque ya ha dicho que no alguna vez. Una que improvisa nunca ha tenido que decirlo.

Lo que dice el informe sobre los límites

Hay un detalle que merece citarse porque va justo de esto. En el caso de la empresa de Estambul, el modelo se negó a ejecutar parte de lo que le pedían, entre otras cosas después de identificar un documento como material de difamación política.

Que un programa tenga un límite y una empresa no lo tenga es una comparación incómoda para el sector.

El coste real de trabajar con quien no tiene línea

Este es el argumento práctico, para quien no se convenza con el argumento moral.

Una agencia que fabrica autoridad falsa para un cliente lo hace con la misma infraestructura para todos. Sus dominios, sus cuentas y sus patrones son compartidos. Cuando esa infraestructura se quema —y se quema, es lo que pasó en este informe— arrastra a todo lo que hubiera conectado a ella.

Tu marca no aparece en el informe. Aparece enlazada desde cuarenta dominios que sí, y eso lo hereda tu web sin que nadie te avise.

Cómo comprobarlo antes de firmar

Pide tres clientes anteriores y mira sus webs. No el diseño: los enlaces entrantes y los sitios desde los que llegan. Si aparecen media docena de portales de noticias que no conoce nadie, publicando en varios idiomas y con una sección de economía sospechosamente activa, ya sabes de dónde sale la autoridad que te van a vender.

Cuesta media hora y evita el trabajo de años que hace falta para deshacerlo.