Antes de cambiar tu embalaje a cartón, mira este número

Si tienes una tienda que envía paquetes, en algún momento te habrás planteado cambiar el plástico por cartón. Y probablemente lo hayas hecho, o lo tengas en la lista, porque es lo que se supone que hay que hacer.

Antes de gastarte el dinero conviene mirar un número.

Riverford, una empresa británica que reparte verdura ecológica a domicilio, midió la huella de carbono de sus envases. Le salió que cambiar sus cajas de cartón por cajas de plástico retornables reduciría en torno a un setenta por ciento las emisiones asociadas al envase. Y que el cartón, del que ningún cliente se quejaba nunca, era el ochenta y cinco por ciento de esa huella, mientras las bandejas de plástico, contra las que iban casi todas las quejas, eran el ocho.

No hizo el cambio. Entre otras cosas, porque sus clientes no lo habrían entendido.

Qué dice y qué no dice este dato

No dice que el plástico sea mejor que el cartón. Eso sería sustituir una creencia por otra, que es exactamente el error.

Dice algo más estrecho y más útil: lo que decide la huella de un envase no es el material, es cuántas veces se usa. Una caja que se usa una vez y se recicla puede pesar más que una que se usa cien veces y se lava. Y en cuanto entra el circuito de retorno —cuánto viaja la caja vacía, dónde se lava, cuántas se pierden— el cálculo cambia otra vez.

Dos avisos sobre esa cifra, porque circula suelta y sin ellos engaña: el setenta por ciento es sobre la huella del envase, no sobre el impacto de la empresa, que es una fracción mucho menor; y el estudio es de 2010, así que sus números concretos no se trasladan tal cual a hoy.

Lo que sí puedes hacer con esto mañana

Para una tienda pequeña, el circuito de cajas retornables no suele salir: no tienes volumen ni logística inversa. Pero hay tres decisiones que sí están a tu alcance y que pesan más que el material:

El tamaño. Es lo primero, con diferencia. Una caja sobredimensionada viaja con aire dentro, obliga a meter relleno y encarece el transporte, que casi siempre pesa más en la huella que el envase. Ajustar las medidas a lo que envías de verdad se nota en la factura antes que en ninguna otra parte.

La doble caja. Enviar el producto en su caja bonita dentro de otra caja de envío duplica el material por pedido. Cuando el producto lo permite, imprimir la etiqueta directamente sobre el embalaje del fabricante elimina un envase entero.

Los envíos partidos. Un pedido que sale en tres paquetes distintos porque el almacén va soltando lo que tiene contamina más y cuesta más que uno que espera un día y sale entero. Ahí manda tu configuración de almacén, no tu proveedor de cartón.

Y lo que hay que dejar de hacer

Poner un sello de «packaging ecológico» en la web sin haber medido nada. Es la parte barata y es la que se cae en cuanto alguien pregunta.

Si el argumento ambiental va a estar en tu tienda, que esté con un número detrás: cuántos gramos de material por pedido, cuántos envíos por cliente al mes, qué porcentaje va en caja reutilizada. No hace falta un estudio de consultora; hace falta contar lo que sale por la puerta.

Lo que enseña el caso de Riverford no es qué material elegir. Es que ellos lo midieron y por eso supieron que estaban haciéndolo al revés. La mayoría de las tiendas que presumen de envase sostenible no ha medido nada, y por eso no puede saber si acierta.